• Tango en Buenos Aires. Plenario de la Academia Nacional del Tango

    El próximo lunes 15 de Noviembre tendrá lugar en la Academia Nacional del Tango en Buenos Aires, un Plenario Público, en el Salón de los Angelitos, Horacio Ferrer, del Palacio Carlos Gardel, en la Avenida de Mayo 833, primer piso, a partir de las 19,30 Horas.


    Serán recordados con un minuto de silencio, los maestros Roberto Firpo (hijo) y Marcos Madrigal, recientemente fallecidos. También, con motivo de cumplirse los 115 años del nacimiento del maestro Enrique Delfino, se escuchará como Tango Ritual, su tema “Recuerdos de Bohemia”, interpretado por él mismo en piano.

    Seguidamente, Horacio Ferrer, presidente de la Academia, realizará una semblanza sobre la trayectoria de Roberto Firpo y el Académico Miguel Soria recordará al maestro Marcos Madrigal, para a continuación, mostrar imágenes con documentos fílmicos y sonoros.

    Inmediatamente,  serán investidos Académicos de Honor, los Maestros integrantes del cuadro de la generación intermedia: Ernesto Baffa, Amelita Baltar, Rodolfo Mederos y Walter Ríos. Este último interpretará una obra con el bandoneón de Aníbal Troilo, perteneciente al museo mundial del Tango de la Academia.

    La convocatoria al Plenario, está firmada por Alejandro Molinari y Horacio Ferrer, Secretario Académico y Presidente respectivamente, de la Academia.

    Rodolfo Ghezzi

    RAÍZ ARGENTINA, el sentimiento argentino en España y Europa

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    Tango argentino. Juan María Solare nos dice ¿Y yo quién soy? -Parte 4-

    Nuestro pianista y compositor argentino, residente en Bremen, Alemania se muestra en todas sus facetas artísticas.  En la revista RAÍZ ARGENTINA de Noviembre 2010  y en su versión online, recogen sus palabras.  En esta sección de Tango la completamos con sus confesiones como “hombre de tango”.




    ¿Y yo quién soy?  Por
    Juan María Solare, Alemania, 2010 - para Raíz Argentina


    El Tango in my life

    El tango es parte de mi vida, aunque no es toda mi vida. Pero es parte de mi vida, y una parte a la que no quiero ni necesito renunciar. Suelo decir que lo descubrí tarde. Mentira. Haciendo memoria, recordando escenas cada vez más nebulosas de mi infancia o de mi adolescencia, siempre hay tango. Como aquel vecino nunca identificado que tocaba el bandoneón algunas tardes, al fondo de mi casa en Palermo Viejo.
     
    El pianista argentino Juan María Solare y el Morocho del Abasto, Carlos Gardel, en una esquina de Granada, España, año 2008


    Creo que el tango es inevitable, como el aire o la línea 60. Aunque un argentino desprecie el tango, no puede dejar de conocerlo.

    Remontándome en el tiempo: en diciembre de 1993 estaba yo en Buenos Aires de visita, por primera vez durante mi período europeo. ¿Y qué compuse, en el piano de mi casa paterna? Una obra titulada "Milonga Nunca Más", porque yo pensaba que sería la última que escribiría. Y ya ven: resultó ser una de las primeras de una larga serie. ¿Y antes? Recuerdo que el cincuentenario de la muerte de Gardel (en 1985, a mis 19 años) fue conmemorado activamente en la radio. ¿Y antes? Recuerdo que mi abuelo gallego (que murió en 1983) escuchaba asiduamente su amplia colección de tangos mientras preparaba el asado los domingos. ¿Y antes? Estoy seguro de que si sigo retrocediendo en el tiempo aparecen más tangos, hasta llegar al Big Tang.
     
     
    El pianista argentino Juan María Solare paseando con el periodista, también argentino, Armando Puente, por las calles de Madrid, España (2008)


    Relatemos más anécdotas, que al final es lo único que la gente recuerda. Hace unos años intenté formar un cuarteto de tango. Discutiendo posible repertorio con el bandoneonista (europeo, a secas), sugerí tocar "Silencio" u otro tango de Gardel. "¿De quién?" "De Carlos Gardel, el autor de 'Volver' o 'El día que me quieras'" "No, nunca lo oí nombrar". Yo creí que era un chiste o un malentendido, pero no. Este bandoneonista tocaba tango desde hacía varios años y no había oído siquiera hablar de Gardel. Es como tocar música clásica y no haber visto jamás el nombre de Beethoven, o tocar jazz y no saber de Duke Ellington. Claro: de la Guardia Vieja, de "La Cumparsita" y "El Choclo" había saltado directamente a Piazzolla; en el medio la nada, el vacío cósmico.

    Y entonces comprendí. Esta ausencia de experiencia auditiva -que para un nativo de Buenos Aires es literalmente imposible, aunque odie el tango- hay que remontarla, y no se suple con partituras. Si no, se terminará tocando Piazzolla como lo hace Gidon Kremer. Ya oigo la indignación: "¿Y no es legítimo? ¿Acaso no evolucionan los géneros musicales?" Por supuesto que el tango puede evolucionar, pero no por ignorancia sino por superación.

    Y precisamente esta es una de las varias cosas que me atraen del tango: que es un género musical vivo, con un enorme potencial de evolución. Si los géneros musicales evolucionan siguiendo las leyes de Darwin, aparecerán dialectos tangueros que se extinguirán (algunos dirán "qué lástima", otros "afortunadamente", el resto ni se habrá dado cuenta).

    Otro aspecto que me apasiona es su grado de universalidad. No es vana la comparación del tango con una ópera en miniatura. Aunque las historias que relata un tango no se limitan a los tangos con texto. Tangos exclusivamente instrumentales pueden contar también una historia sin palabras (pienso en "Adiós Nonino"). Tal universalidad se sustenta en que el tango no se restringe a ser un divertimento pasajero: narra -sin palabras- lo jocoso y lo trágico, el desgarro y a veces la superación, o al menos la aceptación.
     
     
    El pianista argentino Juan María Solare, en Londres frente a la casa donde vivió el General José de San Martín, durante una gira por Inglaterra

    Y en tercer lugar, me siento muy cómodo en el tango porque puedo ser hoy absolutamente tradicional y así verter la faceta más conservadora de mi personalidad, y al segundo siguiente mostrar las garras más experimentales que pueda. El tango aguanta toda esa amplitud (a veces la gente no, pero ese es un problema de la recepción, no de la propia música).

    Esto significa que, como compositor, he perpetrado tangos tradicionales de melodía absolutamente cantabile y estética ineluctablemente "grasa" (hortera), tales como "Reencuentro" o "Tengo un tango", pero también me he movido en tres áreas de mayor experimentación. Estas tres regiones son (y aquí quiero ponerme un poquito más técnico):

    1) Ritmos y métricas menos habituales, incluyendo compases de 7/8 ("Un eremita") o cambios de compás en medio de un tema ("A rolete"); utilización de acordes por cuartas o melodías dodecafónicas ("Furor", o el tercer tema de "Mate amargo"). Esto no es en sí originalísimo, sino la continuación de cierto Piazzolla ("Vayamos al diablo" está también en compás de 7/8), que a su vez se basa en Stravinsky o Bartók. Pero quien componga en el vacío, que tire la primera piedra.

    2) Tango electroacústico. No debe confundirse con el "tango electrónico" de grupos -maravillosos- como Gotán Project u Otros Aires. A mi juicio, ese tango electrónico tiene un gran acierto: la inclusión de samples (tales como usar la voz de Gardel fuera del contexto original). Sin embargo, el elemento que define al tango electrónico es la pulsación constante de una percusión electrónica, maquinal, comparable a la música disco o al tecno. A mi juicio, esta es una posibilidad expresiva respetable, pero que cercena de cuajo una de las grandes virtudes del tango tradicional: la fluctuación del tempo, la posibilidad de cambiar la velocidad en medio de una frase, de suspender momentáneamente el flujo sonoro (en jerga musical: la agógica). Creo que será un acierto cuando el tango electrónico recupere esta posibilidad expresiva: la flexibilidad del tempo.

    Mi tango electroacústico utiliza sonidos de síntesis sin altura determinada (es decir, no es meramente un sintetizador que toca una melodía). Si el "tango electrónico" ha escuchado la música de una discoteca, mi "tango electroacústico" ha conocido a Stockhausen. Un caso paradigmático es mi Milonga Fría: sobre una estructura de milonga relativamente tradicional se montan tres inserciones de sonido sintético. Si, metafóricamente, los sonidos instrumentales son lo que dice el pianista, los sonidos electroacústicos son lo que piensa.

    3) El tango deconstruído, un género musical realmente propio. Se trata de fragmentos que inequívocamente "huelen a tango", pero que no forman un tango tradicional. Son astillas de tango. Tales "sílabas dispersas" se combinan en un contexto distinto para formar nuevas "palabras" y "conceptos". La deconstrucción -en el sentido de Jacques Derrida- es uno de mis aportes personales tanto al tango moderno como a la música experimental. El tango deconstruido se halla en la confluencia de dos tradiciones: la del tango y la de la música experimental. De hecho surge a partir de un consejo personal del compositor vanguardista Luciano Berio: que me concentrara en expandir las músicas de mi país, que son una fuente inagotable de inspiración.

    Posdata

    Al principio de esta confesión voluntaria les revelé cómo comienzo muchas de mis cartas, cuando quiero presentarme sucintamente. Se acerca ahora el final. ¿Saben cómo termino muchas de esas cartas?:

    "Gracias por su interés en mi música."


    Podemos saber más de 
    Juan María Solare  visitando su portal , o encontránlo en MYSPACE.


    RAÍZ ARGENTINA
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    Tango argentino. Claudio Bergé presenta su CD Patrimonio Humano

    El 12 de noviembre 2010, a las 19.30 hs. se estrena en la Academia Nacional del Tango de Argentina y ha pedido de Horacio Ferrer la película "El día que me quieras" producción venezolana de 1986 donde Claudio Bergé realiza el personaje de Carlos Gardel.
     

    El  9 de diciembre 2010, 19 horas, en la mismas Academia Nacional del Tango, se presenta su nuevo CD. La prórroga en la fecha  se ha debido al fallecimiento de Néstor Kirchner.
     
    En esta nueva producción del gran cantor argentino Claudio Bergé podemos escuchar temas de siempre junto a nuevos sonidos y poemas del tango. Componen "Patrimonio Humano" estas 18 pistas para seguir con atención y abiertos a la emoción:

    Mañana Por La Mañana (Brahameri Emilio Dionisio Juan / Garcia Jimenez Francisco); Y Ahora Que Haré?
    (Colangelo Jose / Fresedo Osvaldo Nicolas); Antes Que Salga El Sol (Hector Palacios / Primo Antonio); Silbando Silbon Salinas de autoría del mismo Claudio Bergé; Hoy En Tu Dia Te Canto (Primo Antonio / Santos Maggi); Cantina Tanguera (Hector Palacios / Primo Antonio); Cuatro Paredes (Piana Sebastian / Primo Antonio); La Vieja Serenata (Gomez Alberto / Ibañez Teofilo); Pa' Que Sepan Como Soy (Aroldi Norberto / Gonzalez E.); Trenzas (Armando Pontier / Homero Aldo Exposito);Siga El Corso (Anselmo Alfredo Aieta / Francisco Garcia Gimenez); Por Que La Quise Tanto (Mores Mariano / Taboada Rodolfo M.); Confesion (Amadori Luis Cesar / Discepolo Enrique Santos);Tengo Miedo (Aguilar Jose Maria / Flores Celedonio Esteban); Tortazos (Maroni Enrique P. / Razzano Jose); Araca La Cana (Delfino Enrique Pedro / Rada Mario Fernando); Las Cuarenta (Gorrindo Froilan Francisco); Balada Para Un Loco (Astor Piazzolla / Horacio Arturo Ferrer).

    Claudio Bergé, una voz y personalidad para el tango argentino

    Este es un CD imprescindible para los buenos amantes del tango, porque compila los grandes momentos de la carrera de Claudio Bergé cantando en orquestas de culto de nuestra música ciudadana, más la actualidad, todo de un gran valor musical.

    En los distintos temas lo acompañan o forma parte de los conjuntos y orquestas: Conjunto de Cuerdas de Hugo Rivas, Orquesta de Domingo Scapola, Orquesta de José Libertella, Orquesta Horacio Salgán, Orquesta de Mariano Mores, Orquesta Hector Varela, Conjunto de Guitarras de Roberto Grela y Orquesta dirigida por Roberto Pansera.

    Bienvenido para el Tango este "Patrimonio Humano" de Claudio Bergé, al que esperamos poder ver y abrazar muy pronto en España.

    Eduardo Aldiser

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    Juan María Solare, el tango argentino que nos llega desde Bremen

    Pocas veces puede verse un CD tan generoso como "Tango Monologues" (Monólogos Tangueros) de Juan María Solare, pianista y compositor argentino residente en Bremen (Alemania).
     
     
     
    Son 20 títulos que llenan prácticamente toda la capacidad técnicamente disponible en los CDs actuales: dura 79:22. Es también generoso su librillo adjunto, de 28 páginas, con textos en tres idiomas (castellano, inglés y alemán) que describen cada una de las obras.
     
    Tango Monologues, interpretados al piano por el argentino Juan María Solare, residente en Alemania

     
    Este booklet es una obra maestra en sí (diseño gráfico por Wolfgang Zimmermann) con retratos del pianista en diferentes etapas de su vida (también de niño) y fotos -a todo color- alusivas al tema tango, pero evitando la trillada imagen de Caminito. Este no es un CD de tango for export, es tango de verdad, un tango latiendo.
     
    A nivel del contenido musical, el CD es altamente original. Está organizado no como una mera sumatoria de tangos sin hilación, sino como un recital. Es acaso lo que en rock se llamaría un álbum conceptual. En este caso, es un concepto dramatúrgico: parece que se narrara una historia a través de sucesivos tangos. Pero no una historia de burdeles y cuchilleros: una historia ambientada en el tercer milenio (que tiene otros burdeles y otros cuchilleros...).
     
    Comienza este recital virtual con tres tangos tradicionales (Danzarín, de Julián Plaza; Malena, de Demare; y Bahía Blanca, de Di Sarli), como si el pianista dijera "antes que nada, les voy a demostrar que sé tocar el piano".
     
    El siguiente bloque presenta los tangos más "entradores" de Juan María Solare: Pasaje Seaver, Valsarín, Tengo un tango, Para Lisa (un vals).
     
    El siguiente intermezzo es más breve: el clásico Bandoneón arrabalero, de Bachicha, y un enérgico tango de Jorge Pítari titulado Lo que se fue, en clara alusión a Lo que vendrá, de Piazzolla.
     
    Juan María Solare, pianista y compositor argentino, durante un ensayo previo a un concierto en Bremerhaven, año 2004
     
     

    En el siguiente bloque, con obras de Solare, el compositor muestra las garras con sus obras más experimentales: Milonga Fría, una bella milonga lenta con inserciones de música electroacústica (aquí se nota que este músico de pura sangre estudió con Stockhausen, y ¿cuántos tangueros pueden afirmar lo mismo?).

    Sigue Atonalgotán, que como el nombre indica sigue las huellas de Arnold Schönberg, el inventor de la dodecafonía y el atonalismo. Viene luego Fragmentango, que es un montaje que simula cuatro pianos tocando simultáneamente distintos fragmentos inequívocamente tangueros; y por fin la Akemilonga, una breve y simpática milonguita -un poco rara pero agradable- que relaja un clima que amenazaba nublarse.
     
    En sus notas de programa, el compositor se refiere a este género musical como tango deconstruido, en el sentido del posmoderno Jacques Derrida; un género musical que aparentemente ha inventado Solare (al menos, no conozco otro tanguero que lo cultive). Solare lo define así: "Fragmentos que huelen a tango, pero que no son un tango tradicional (...) Sílabas tangueras pulverizadas que se recombinan para producir nuevas palabras y conceptos".
     
    Salimos del bloque experimental con Niebla del Riachuelo, de Cobián, uno de los temas más logrados de todo el disco. Aquí se ve la formación clásica de Solare: su arreglo comienza citando el Requiem de Mozart para luego transformarse en el tango. ¿Y acaso no es esta obra maestra de la música ciudadana una especie de Requiem? "Barcos que en el muelle para siempre han de quedar..."
     
    Sigue un par de temas tradicionales polentosos: La Puñalada, de Horacio Pintín Castellanos  y  Calambre, de Piazzolla. Si alguien se cansó después de la anterior biaba expresiva, aquí descansa sin problemas.
     
    El bloque final es una síntesis de la polenta y de lo experimental, aunque con obras nada difíciles de digerir. Son todas de Solare: la Liebergmilonga, Talismán (¡un tango que parece de Bach!), el furibundo Furor (aquí el que se asoma es Béla Bartók cruzado con Oscar Peterson, mientras Chick Corea les sirve un mate).

    El último tema -una despedida dolce- es Reencuentro, una milonga lenta de melodía sumamente recordable, una obra maestra de la sencillez. Es un poco el Adiós Nonino de Solare: según el booklet fue compuesta en el cementerio de San Lorenzo de El Escorial, donde descansa la madre del pianista.
     
    Haciendo una rápida estadística, comprobamos que, de los 20 títulos, 12 son del propio Solare. Exactamente la misma proporción entre temas propios y ajenos que había en el primer LP de los Beatles. Se agradece que existan compositores que no se limiten a rumiar fórmulas musicales de un pasado tanguero que ni ellos conocieron ni nosotros recordamos. Pero que -como en el caso de Solare- se reconoce a la legua que es porteño hasta el caracú.
     
    Una sutileza muy original del CD es que está grabado desde el punto de vista del pianista, no del espectador. Es decir, el canal derecho es la derecha del intérprete (los agudos) y el izquierdo los graves. Así que, si escuchamos con auriculares, oímos clarito que el glissando inicial de Danzarín, con que se abre el CD, del agudo al grave, implica también un claro desplazamiento en el espacio estéreo de derecha a izquierda. Este recurso técnico es sencillo pero muy efectivo, y una manera excelente de aprovechar el estéreo en la grabación de un solo instrumento.
     
    El álbum fue grabado en el teatro de la universidad de Bremen, en un piano de cola Bösendorfer (que según muchos especialistas es uno de los top five entre los pianos - como un Aston Martin entre los coches deportivos).
     
     
    Juan María Solare en plena calle Atocha de Madrid, junto al periodista e historiador argentino Armando Puente

     
    Este CD fue comentado así:
     
    "Tengo un tango es uno de esos temas de los que uno piensa: ¿cómo puede ser que no haya existido desde siempre?" (Margarita Pollini)
     
    "Juan Maria Solare es un pianista virtuoso - y un compositor aún más grande. Su Pasaje Seaver alcanza, por primera vez desde el gran Piazzolla, un nuevo incremento de la calidad en la música de Tango -- intensamente sensual, profundamente emocional, y muy humanitario... trasciende su origen tanguero (en la manera en que sólo Piazzolla supo hacer, y ahora Solare) para adquirir una rara universalidad que retrata la nostalgia que los refugiados tienen de la calidez de su antiguo corazón, en el frío corazón de su nueva patria" - Profesor Hovhanness I. Pilikian (Londres).
     
    "Este CD de casi 80 minutos transita a través de muchas de las atmósferas que se expresan en esta danza argentina. Orgullo y pasión tienen tradicionalmente su lugar, pero también se canalizan en esta música momentos melancólicos y desesperados." (Lars Fischer, Wümme Zeitung)
     
    "Un CD para salir de las rutinas auditivas y dejarse llevar por lo inaudito - lo aún no oído. El ancho de banda musical de Juan María, desde lo clásico, pasando por la música de vanguardia hasta el ars acustica, es reconocible en el horizonte. Son obras que quieren ir más allá, que experimentan, sin perderse en el intento. (Dagmar Schnürer, TangoDanza, Bielefeld)

    Hasta aquí el pedido que hice a un buen amigo músico y amante del tango para que me ayude a entender el muy inteligible CD "Tango Monologues" de Juan María Solare, a quien me presentó Armando Puente, más comentarios de terceros que he seleccionado.
     
    Ahora viene  la pregunta del millón. Yo que ya lo tengo y me doy el gusto de escucharlo me pongo en la piel del lector: ¿Cuánto vale? ¿Dónde lo consigo?
     
    Hay que entrar en el portal de JUAN MARÍA SOLARE . Allí tienen un formulario de pedidos. Le tendrán que hacer una transferencia de 12 Euros por cada CD más gastos de envío que desde Alemania les dirán (puede ser un buen regalo para amigos tangueros).
     
    Incluso nos pueden dejar un comentario en esta noticia con vuestro correo, que remitiremos a nuestro eximio pianista en Alemania.
     
    Particularmente creo que, si somos muchos los que escuchamos "Tango Monologues", seguramente surgirá la manera de tenerlo a Juan María Solare para que nos toque esos y más tangos, suyos y de otros compositores y tiempos.  Ya en febrero 2011 estará por Valencia pero haciendo música clásica.

    Gracias Juan María por saber que el Sol del tango sale también en Bremen.

    Eduardo Aldiser   

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    Fotos artísticas para CD y Promoción de Juan María Solare realizadas por Lea Dietrich

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    Tango, Argentina. La Embajada de España presenta el libro de Juan Manuel Peña

    La Embajada de España en la Argentina y la Sociedade Galega de Arantei, Vilamarin e A Peroxa presentarán el libro “El tango en España, un romance de un siglo” de Juan Manuel Peña, el jueves  24 de junio a las 19:30 hs. en Av. Figueroa Alcorta 3102.
     
    Tarjeta de invitación de la Embajada de España en Argentina, para la presentación del libro de Juan Manuel Peña

    La Embajada de España invita a la presentación de “El Tango en España, un romance de un siglo”, en el marco de los festejos por los veinte años de la creación de la Sociedad Gallega de Arantei, Vilamarin e A Peroxa y el bicentenario de la revolución de mayo, y a 75 años de la desaparición física de Carlos Gardel.
     
    Portada del libro El Tango en España, El romance de un siglo, del argentino Juan Manuel Peña

    En su obra, Juan Manuel Peña, a través de una exhaustiva investigación demuestra el vínculo que ha unido a España y Argentina a través del tango.
     


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    Rafael Flores, escritor argentino

    Rafael Flores, escritor argentino, el tango su fuente

     
    Con su artículo "El Tango ahora, desde sus fuentes", sumamos al portal Raíz Argentina un aporte valioso, el de un escritor argentino que atesora una importante producción de libros, ensayos y comentarios sobre el Tango. Quienes vivimos en España lo seguimos en sus espacios radiofónicos "El Tango paso a paso" y ahora lo tenemos presente aquí con su preciso análisis tanguero.
     
    Hay necesidad de bajar a la realidad, sentir lo concreto y ver los empeños de muchos apasionados puestos a reencontrar el tango con los grandes públicos. Desde luego, su esplendor es luz acaecida en un país que fue. Su gloria coincidió con la expansión económica argentina. Precisamente, la década o “edad de oro” de 1940, se da en el tiempo en que Europa estallaba en la Segunda Guerra Mundial, en la pre-guerra y durante la salida de sus devastaciones. Había mucho dinero de la exportación de materias primas y necesidad de desarrollo industrial. Argentina se encerró en una burbuja de prosperidad en la que desenvolvió su arte nacional de manera prodigiosa.

    Tales condiciones de riqueza no volvieron jamás. Volvieron los militares, los partidos radical y peronista, y sucesivas doctrinas salvadoras. Europa dejó de ser el centro de la política mundial que se desplazó hacia los Estados Unidos. La mirada de la Argentina institucional también se desplazó hacia el Norte. Allí campaban los ritmos sintetizados en el rock; asimismo una estética de despreocupación y desaliño. Simultáneamente se agostaron las bondades económicas internas. Como en otros países de Latinoamérica, sobrevino un tiempo de rebelión encabezado por los jóvenes cuyo impulso quería implicar desde las ideas hasta la vida cotidiana. La derrota política de estos movimientos es bien conocida.

    En las últimas décadas del siglo XX, tras la feroz dictadura de los militares, los gobiernos democráticos continuaron con la frivolización del país y el vaciamiento económico establecido por aquéllos. La ley del “sálvese quien pueda” fue el valor imperante. En ese páramo era muy difícil hacer arte, cultivar “las flores suntuarias” del arte. Sin embargo, suavizadas las crepitaciones represivas, pequeñas islas de ilusión y tenacidad consiguieron prosperar. Locales tangueros y milongas se convirtieron en tímidamente rentables para sus dueños y para la gente que baila. Crece algo, siquiera el rescate de ciertos climas favorecidos en su caso por el empuje del turismo tanguero internacional. Es una constatación feliz, aunque no estruendosa. Se busca también la recuperación instrumental, tanto en el estudio (escuela de bandoneón), como en los intentos de constituir formaciones orquestales. Estudiar es aprender a tocar tango con sus instrumentos naturales, y eso se realiza al lado de los antiguos tangueros que saben los “yeites” y las “trampas”, los recursos técnicos específicos. Ahí están los mayores transmitiendo experiencias, aunque todavía sea justa la queja de que no surgen estilos originales de interpretación, porque en general se imita lo que en otros tiempos hubo. Es de imaginar que ya vendrán. Estilos que no son el tango electrónico, aunque quizá con algunos elementos del mismo, estilos que hagan bailar y conmoverse a la gente.

    Lo importante es que la gente baila y que los argentinos y uruguayos empiezan a apostar por el tango, rescatan tradiciones y figuras, emblemas de otros tiempos. Surgen publicaciones, canales televisivos dedicados al tango y una novedosa FM que transmite veinticuatro horas ininterrumpidas de tango. En Buenos Aires hay inquietud, rejuvenecimiento al socaire de antiguas glorias.

    Resulta de justicia mencionar la formación de dos grandes orquestas estatales que cultivan el género en exclusividad: la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires y la Orquesta Juan de Dios Filiberto, para conciertos gratuitos y manteniendo en plantilla a grandes instrumentistas. El hecho -de alguna forma- garantiza la continuidad en el oficio a muchos músicos y estimula el ida y vuelta de todos ellos con el gran público. Hay ciudades del interior de Argentina y también la capital del Uruguay, Montevideo, transitando por la misma senda.

    Especial encanto y consecuencias tiene la creación de la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce, en Buenos Aires. Dirigida desde sus primeros tiempos (año 2000) por el artista cuyo nombre la orquesta recuerda, hoy de la mano de Néstor Marconi continúa entregando promociones de excelentes músicos año tras año. Su objetivo central es la transmisión del “legado cultural” de los maestros del género. Hay grabaciones discográficas, película y manual que acreditan las calidades de este empeño dedicado a las nuevas generaciones.

    Puede decirse que estos reencuentros del tango no ocurren en sitios recoletos como los señalados durante las décadas del 1960 y 1970. El tango vuelve a tener teatros y -también- pistas auténticas. No los bailes en los clubes de la Década de Oro, pero tampoco aquellos estrechos escenarios de exhibición para clientela turística. Pistas de las “milongas” que comienzan esporádicamente a ser sostenibles con orquestas en directo. Ya es una esperanza; como lo son los recitales de figuras históricas y de jóvenes tangueros, en el conjunto de recitales de música que puedan hallarse atractivas en la ciudad. Los tiempos son tímidamente esperanzadores, aunque ninguna forma artística pueda prosperar en la timidez. El tango se desentumece, reconoce sus andaduras y tendrá que echarse a caminar abrazado, en la noche del futuro.

    MILONGA, LINDA MILONGA

    En Buenos Aires hay decenas de sitios donde se va a bailar a los que genéricamente se les llama milongas. Son los salones de baile de cualquier país que en el mundo del tango reconocen sus particularidades bajo ese nombre. Al ser un baile popular, allí estuvo siempre el lugar natural y emblemático. Pueden tener diversas localizaciones y estilos arquitectónicos: más nunca prescindir de un amplio espacio para el desplazamiento de las parejas, la música mimada por una persona que selecciona los discos por “tandas”, y el suelo adecuado, siendo idóneo el de madera.

    Tras el revulsivo éxito del espectáculo “Tango Argentino” por las principales ciudades del mundo, hubo una numerosa herencia de otros musicales que recorrieron muy diversas latitudes. Comenzaron a sembrarse por las ciudades occidentales y del extremo oriente profesores de tango argentino puestos a enseñar a bailar y escuchar. La obra ha resultado pionera y fecunda. En cualquier ciudad del mundo, por la noche - como en Buenos Aires- hoy abren sus puertas las milongas. En Japón, en España, en Estados Unidos, en Italia, etc. se encontrarán bailarines, profesionales o no, que administran un salón donde el público tanguero concurre a tomar clases y a bailar. Allí converge también a bailar gente de otras latitudes y lenguas que ha llegado por viajes de negocios, turismo, u otros motivos. Hay un código de baile y comunicación que sólo necesita de la música sonando en los bafles. Lo demás lo hace el entusiasmo en la danza que se abre en los tanteos para conjuntar estilos, sensaciones, gustos.

    Una milonga no ha convertido a nadie en afortunado económico. Llevarla implica mucho entusiasmo. Así mismo, en estos espacios creados de ilusiones y pasión por el tango uno puede encontrarse habitando un “bosque musical” con árboles gigantes que se llaman D'Arienzo, Di Sarli, Troilo, Pugliese, D'Agostino, Caló… que siempre resultan instigadores al abrazo en un baile con gente cuyo nombre probablemente acabemos olvidando, o se conviertan en el punto de referencia a través del correo electrónico de otros encuentros y otra gente. De tarde en tarde, como en Buenos Aires, se organizan festivales, o bailes con orquestas en directo que pueden ser Color Tango, El Arranque, Fernández Fierro, El Afronte, Unitango, etc. Los negocios son siempre magros, reconocen esencialmente el desarrollo de una pasión. De la cumbre al llano, en el tango no se alimenta la confianza de que a determinados artistas los mimen la fama o el dinero en grandes dosis. Estas lluvias que suelen caer en otros géneros –véase la salsa o el jazz- no caen en el tango. Se vive al día, o de otras profesiones que cubren el déficit… mientras el pensamiento se ocupa de las formas de la música y el baile, los encuentros con gente, o con esos temas que descubrimos o volvemos a escuchar.

    Las milongas de hoy reflejan algunos de los saludables cambios acaecidos en las costumbres y en el trato hombre-mujer. Se concurre a bailar en solitario o en compañía. La antigua observancia de un sector para hombres y otro para mujeres ya no existe, incluso la invitación a bailar mediante el “cabeceo” de él desde un extremo o el medio de la pista, ya no es normativo como antes. Más aún, en casos y en Europa, las mujeres invitan a los hombres a bailar con hermosa naturalidad.

    En porcentaje abrumador, la música que se baila en las milongas es la grabada en la “edad de oro”, en 1940 y 1950. No hay quien nos libre de esa condición. Nuestro tesoro se ha enriquecido enormemente con las recuperaciones de discos olvidados. Allí están, giran y giran revelando la belleza guardada. Las orquestas actuales interpretan algunos tangos escritos ahora, pero sus triunfos parecieran estar ligados al recuerdo que evocan de las formaciones clásicas. En otra ocasión señalamos la compleja masividad de público en la época de oro. Así se promovió la existencia de cientos de compositores y autores en la arena de la creación. Hoy el tango ocupa aún una delgada franja. Es un facilismo decir que la cantidad se transformará en calidad, pero desde luego que una cosa estimula a la otra. Hay que consignar, por otra parte, que en la actualidad los domicilios de la creación tanguera pueden estar en sitios distantes del Río de la Plata, aunque los códigos provengan de allí. Se estrenan tangos en Holanda, Alemania, España, Japón… Lo que no sabemos es cómo puedan conectarse entre sí, cuál podría ser el camino de una potenciación común.

    En los últimos años hubo casi furor con el llamado Tango Electrónico. Ya lo había implementado Piazzolla entre los años 1960-70. Luego lo desechó. Lo nuevos emprendimientos son más atrevidos quizá, y más avanzados en medios, desde luego. Entre sus numerosas formaciones conjuntos como Gotan Proyect, Bajo Fondo Tango Club, Tangheto… suenan en conciertos multitudinarios. Gotan Proyect vendió un millón de su primer disco La Revancha del Tango, y pudo oírselo en FM, pub y bares de cualquier país. Allí había obras magníficas de inspiración propia, o de Piazzolla, Pino Solanas, y otros. En el segundo disco sus valores declinaron. No obstante, seguiremos esperando. Hay polémica acerca del tango electrónico: si es una evolución o una deformación. Suavemente en algunas milongas se ponen temas… pero es cuando quedan pocos asistentes y la fiesta empieza a apagar sus luces.

    EVOLUCIONES EN LA PISTA

    ¿Se ha avanzado en el baile? Estamos dispuestos a decir que probablemente sí, aunque no hagamos referencia a saltos ni revoluciones. Los códigos pergeñados desde la época inicial y llevados a verdadero esplendor en los años 1940 y 1950, se redescubren. Tal vez también se enriquezcan. Fatalmente cada época aporta lo suyo, no caminamos ni existimos de igual forma.

    Así mismo, luego de los cursos con profesores que suelen ser artistas del escenario, de imitar sus maneras, sobreviene la necesidad de liberarse de las figuras de la danza aprendidas. De encontrar el texto nuevo en el baile, de improvisar, diría el clásico. Ya no es destreza sino un tango “bailado por abajo”, que trasunta sentimiento y musicalidad en los gestos de la pareja. No se han olvidado totalmente las figuras aprendidas, pero se las resignifica en aquello que se insinúa sin demostraciones coreográficas. Se sabe el desarrollo y el cierre, o tal vez se adivina. Las parejas disfrutan del abrazo que es contacto con todo el cuerpo… y la corporeidad puede ser una creación.

    De la abundante práctica del baile como ejercicio de una pasión se funden los conocimientos aprendidos y los hallazgos personales en el tango propio, en el original que consiga bailar cada uno. En todas las épocas realizarlo como una pasión, con todas las frecuentaciones posibles, ha sido el camino del perfeccionamiento. De igual forma, las composiciones han tenido como luz de fondo el “ida y vuelta” de autores y bailarines.

    Señalamos antes que la música bailada en las milongas actuales tiene en su mayoría alrededor de medio siglo de antigüedad. Tímidamente se incorporan nuevos temas… como se intenta bailar Piazzolla y “tango electrónico”. Es un tiempo de impasse, un rubicón que habrá que pasar, una crisis de confianza y de público, un enorme bache con forma de precipicio en el sendero.

    Sin embargo, algunos hechos indican que al otro lado hay camino. Lo muestran las orquestas de jóvenes que tocan en las milongas. Todo es aún precario, esporádico si se quiere… pero existen muchas ganas de que ésto prospere.



    EL TEMA DE LAS LETRAS Y DEL TANGO MISMO

    Es realmente difícil encontrar letras relevantes en las últimas décadas del siglo XX. Sentimos que, por definición, la poesía del tango estuvo siempre unida a la vida, plantada en un soporte más perecedero, a la vez que eficaz, que la literatura escrita. La invención del disco acabó con la fugacidad, estableció la divulgación y el archivo de la literatura tanguera. Y el disco, a través de la reinterpretaciones anima lo que en la cultura escrita se llama recreación de un texto. No obstante, la deuda con la tradición oral sigue manifiesta en la canción. Recordamos el contenido pegado a una música, y muchas veces no acabamos de entrar en su significado, llevados por la fuerza de la melodía. Señalamos ya, que el tango abrió el primer camino de la narración sobre la vida de una ciudad moderna como Buenos Aires, con sus mestizajes, su identidad en construcción, sus cambiantes paisajes. Para ello delineó personajes, conflictos, y una manera de nombrarlos. La ciudad empezó a tener palabra universal y reconocible en los tangos. Mas después de la “década de oro”, la creación poética empezó a ralearse, a ser esporádica. Continuaron cantándose las obras anteriores, de los tiempos de Gardel y lo que vino después hasta los años 1960.

    Por su parte, la narración literaria aumentó de modo considerable. Un fenómeno que comprometió toda América Latina, siendo paradigmáticamente urbana en el Río de la Plata. Muchos mundos empezaron a existir porque un gran cuento o novela los instauraba. Dictadores y sus cortes esperpénticas, conflictos individuales de mínimo perímetro, personajes invisibles o insalvables si la lente de un artista no los hubiera enfocado. La ciudad se reconocía en sus escritores. Si acaso la canción se volvió folklórica, de protesta, rock nacional… hubo escasamente algún tango, o ninguno. Como si éste estuviera sin encontrar la clave contursiana o de la “Década de Oro”, como si sus versos dieran manotazos o movimientos de espásticos. En los últimos años parece haber ocupado gran parte de aquel territorio tanguero, la salsa con su empuje narrativo y su habilidad para contar. Aunque no alcance (ni en sus mejores autores: Blades, Guerra, etc.), la elaboración poética y filosófica de las grandes letras del tango. ¿Será el efecto de estos tiempos pragmáticos y urgentes? El oráculo aún no se devela.

    De cualquier forma, siendo tangueros no nos arredra la reinterpretación de temas mayores… en calidad y en años. Disfrutamos de una tradición de por sí compleja y que admite diversas relecturas. Nos gustan las anécdotas de los tangos, el vericueto andado por sus compositores, las situaciones que se generaron en las milongas, las crónicas de las “barras” de aficionados. El mundo del tango se ha convertido en galería de un pasado que puede pertenecernos en cualquier ciudad donde vivamos. O, en todo caso, nos conmueven esas historias de un país joven marcado por la inmigración, la contingencia y los anhelos de construirse una identidad con el resbaloso barro de la modernidad. No hacen falta esfuerzos especiales para representarse hechos paradigmáticos del tango: sus acontecimientos, dramas y conflictos son reconocibles. Más allá “del pasado ilusorio” que sintió Borges en la “secta del cuchillo y el coraje”, también nos afectan otras cosas de ese “lugar del mundo”, nos conmueve la lírica que es la tónica hacia lo que el tango se vence. Ciudadanos y ciudadanas expuestos a una cotidianeidad gris omnipresente, de vez en cuando nos sacude un hálito de otro mundo, un aire de embriaguez y de sueños que se romperán… Y allí está el tango volviéndonos artistas incipientes, a punto de que en su ámbito se nos esté por revelar algo. Lo expresan letras de distintas etapas, como ciertos sucedidos que forman un corpus de capas y capas que concluyen convirtiendo el género en tema de sí mismo. Lo que se dice “el tango del tango”, la mirada sobre la propia andadura. Aunque muchas historias narren hechos imposibles en los tiempos presentes e incluso así lo fueran también cuando se escribieron, siempre se advierte el intento de parecerse a la vida o de reinventarla. Fluyen los tangos pegados a la existencia por lo que nos parecerán tocados de cierta intemporalidad. El descubrimiento de sucesos puntuales que explicitan un tema, las motivaciones de determinados autores, la probable inspiración en algo que conocemos, las conexiones de los intérpretes, nos darán pábulo a la búsqueda, alimentarán el gusto de “estar de tangos”, de adentrarnos aún más. Y ya se sabe que las cosas se valoran mejor cuando sus posibilidades dan la sensación de inagotables, cuando nos invitan a transitar laberintos que son aliento y estímulo para seguir en el camino.


    EL TANGO DE NUESTROS DÍAS

    Hacemos tango, lo buscamos, lo seguimos porque ya no imaginamos la vida sin tango. Si no estuviera el tango tendríamos que inventar algo parecido, otro despropósito, otro absurdo, otra vena oculta de la vida para dejar de ir de compras, cumplir horarios y flagelarnos con lo que hay que hacer, creernos que existir tiene sentido cuando, tal vez, no tenga ninguno y esté muy cerca esa verdad con el rostro incendiado.

    No me imagino la vida sin tangos para escuchar, quizá para bailar también, aunque dé igual si para una cosa o la otra. La persona que lo ha sentido en alguna de sus formas queda atrapada, presta a buscar intérpretes diversos, títulos, versiones. Y el músico conminado a interpretarlo según la versión que salió definitiva en su acertada sencillez, a repetirlo así porque buscarle otra forma sería puro manierismo, vacuidad y huida del genio.

    Sí, los que lo hallamos lo necesitamos, aquéllos que un día dimos con sus notas famélicas y envolventes que nos seguirán, como un perro fiel, por dichas y miserias. En unas cuantas frases expresarán enormes despojos del vivir que costaron años y confusiones hasta caer en la cuenta. Pondrán un ribete de filosófica sonrisa a lucubraciones sesudas, se explicarán cantando traiciones que deberían digerirse a balazos.

    Ahí están los tangos para ponernos sañudos y feroces inofensivamente; para abrazarnos al cuerpo de la mujer que ya no está o a la que se ve tan cambiada que preferimos regresar al sueño de haberla amado alguna vez cuando fue infinitamente bella... y quizá, nosotros algo mejores.

    Con los tangos nos acontece esa leve alteración de la conciencia que ninguna droga es capaz de provocar... O tan profunda alteración -entonces- que basta que alguien diga que está de tangos para entenderle.

    Y no vaya a creerse que se trata de una suma, en ningún caso. Se puede bailar toda la noche y de los cincuenta tangos que se hayan bailado, probablemente, uno o dos sean los plenos. De sus numerosos tangos interpretados, es verosímil que el músico haya encontrado su felicidad en un par de versiones o en cierta cadena de notas. Sí, porque la cotidianeidad nos teje la vida en mecanismos de pasión refleja que ruedan y se pierden. No podemos dejar el tango, como no abandonamos la ciudad que, de tanto estar en ella, un día hallamos como nuestra para no marcharnos. Perseverar en el tango casi es como vestirnos de una forma determinada, para que el espejo no nos eche en cara que hacerlo de otra manera es ridículo o desfavorece cualquier encuentro. Ya somos unos cuantos, verá usted. No todos los que podríamos ser, pero dejémoslo ahí. Es sabido que el tango no desaparece, aunque unas cuantas empresas como RCA Víctor en Buenos Aires, a finales de los cincuenta, fundió las matrices de grabaciones tangueras porque pensaron que "eso ya había pasado". Reaparece como el río Guadiana, con aguas que parecieron sólo subterráneas, pero que son las mismas que ahora corren con el pecho al sol y al cielo. Unos cuantos bebemos su sabor a sal, a lágrima, a dulzura de otoño, a fresca pureza de quince años, a limón irónico y no podemos dejarlo. Así nos reconocemos... no importa el traje, ni la procedencia, ¡qué va! Hay tantos tangueros indocumentados a veces, que la policía de Migraciones podría llenar un furgón. Y muchos más la Academia de la Lengua; llenarlos de mal hablados y mal habladas que chapurrean (o aporrean) inglés, alemán o castellano y que, sin embargo, se entienden de maravilla bailando. No preguntes cómo, ni filosofes: según dice la milonga “con la filosofía poco se goza”. Basta que huelas bien, que los zapatos no se peguen al suelo. Basta que escuchemos la letra en la voz que canta... y ya vamos juntos a ese mar incógnito, donde encontrarás representaciones de infinitas cosas de la vida, de gentes diferentes e, incluso, de ti ahí mismo.

    ¿CON QUIÉN?

    Ya se sabe, lo mejor que tenemos en la vida, como cantan los tangos, son los amigos y amigas con quienes uno está porque quiere. Los amores pueden abandonarnos... y contraer compromisos que no siempre son de la musa. ¡Que levante la mano el que esté en el amor sólo por la musa! Por la emoción de encontrarla siempre y que no vaya manchado de obligación, de deber cumplido, de pesarosa escena de costumbres.

    La amistad tiene como escenario la pista, la mesa del bar, la calle anónima. No el nido, salvo con aquella mujer ¡oh amor! con la que no nos pedimos cuentas de pasado ni futuro. La fiesta servida en cada encuentro, la fiesta.

    También en el tango hay un costado de maravillosa urbanidad: vivir sin saber mucho de los otros. No hablamos, vamos a bailar, a escuchar tangos. El hablar indefinidamente, analizándolo todo como un químico del alma (¿de cuál química?) nos agostó la paciencia, entorpeció la espera, quizá haya desgastado las decisiones. Lo mejor es ir a bailar, o a escuchar. Acabemos con el análisis, que ya lo hicimos. Echemos el cuerpo a la otra, al otro, a la vida, en un tango.

    DESDE MUY LEJOS
    Cuando los tipos de la Academia de Medicina de Francia, en 1912, "prescribieron" para los niños débiles, que alternaran con los baños de mar, "tangos a toda hora" no estaban locos, ni demasiado científicos seguramente. Llevaba el tango unos diez años desembarcado (no aterrizado) en Francia y ya el gabinete de muy famosos galenos había caído atrapado en la maravilla. Lo bailarían ellos a toda hora en el té-tango, en la cena "donde se tangueaba entre plato y plato", en el Music-Hall, en el Champagne-Tango... Ya estaban seducidos por esa magia que nos hace sentirnos más guapos, propicios a elegantes trajes, mas bravíos entre tanta cultura ligth (condenadamente uso el término inglés que no inventamos nosotros. ¡qué le vamos a hacer!), más arrojados sobre el pecho y las piernas del otro sexo, con las cabezas juntas y abrazadas a la prohibida belleza de caminar pegaditos (casi una sola figura) por las veredas de la vida.

    Y, dígame usted, si no se le sobresalta el corazón al oír ciertas letras:
    No sé por qué te perdí
    Tampoco sé cuando fue

    Pero a tu lado dejé
    Toda mi vida

    Dígame si puede permanecer indiferente cuando oye:

    Novia querida, novia de ayer
    • Quien más quien menos-
    Pa´mal comer
    Somos la mueca
    De lo que soñamos ser


    O todavía aún esa formidable carga de profundidad:

    Ya sé no me digás
    Tenés razón

    La vida es una herida absurda

    ¡Quien que tenga oídos para escuchar un tango, para seguir, siquiera, un fragmento de las letras antedichas, no va a soliviantarse!
    El tango no necesita de maquinarias publicitarias ¡cualquiera lo juzgue! Para difundirlo no invierten Repsol-YPF, ni Microsoft, ni los Ministerios, ni la Telefónica. Cuando lo hagan, será para ganar de antemano. Veámoslo. Sin embargo, desde los garitos oscuros, de antiguos discos de pizarra, de músicos ya viejos que tocan como siempre tocaron, desde bailongos en lo profundo de los barrios de Buenos Aires, de casi subterráneos o escondidos programas de radio, así como de espectáculos musicales aventureros, comenzó a ganar el mundo, extendiéndose como un áloe oleoso y profundo. Luego, lo descubrieron los listos del cine que ganan efectos, elocuencia de siglo XX, pozos de intimidad sobrecogedora y socarrona, poniendo escenas de tango en las pantallas. Así son las cosas, así lo fueron siempre para el tango, aunque nuestras economías vayan por carriles muy distintos a los de las consabidas empresas multinacionales.
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    40 años de Balada para un loco

    Celebraron en Argentina los 40 años de "Balada para un loco"

     
     
    Vamos a recorrer su programación y volveremos atrás, a aquellos finales de los años sesenta, cuando programar a Piazzolla en un espacio de tango argentino en la radio, era toda una odisea. Si querías que sonaran los teléfonos un sábado a la tarde en LT3 de Rosario, lo ponías a Astor…
    …y así eran las cosas en aquella época como lo comentaba días pasados con Tito Cartechini, que se pasó un año entero con el Quinteto Piazzolla en Michelángelo, además de giras y grabaciones. Era al año siguiente de presentar “Balda para un Loco”. Me contaba que un día, estando en el bar de al lado, donde comían un tentempié antes de la función, Piazzolla se hizo con un papel y bolígrafo en mano, comenzó a escribir notas en líneas de pentagrama que dibujaba.

    Cartechini, ese otro gran bandoneón argentino, sabía que había que dejarlo en su abstracción. Tras unos cuantos minutos terminó la faena y le dijo…”Tito, aquí está ´Michelangelo 70´, lo ensayamos desde mañana y lo estrenamos en una semana”.

    Nos cruzamos en estos días emails con Buqui Vatalaro, escritor y gran tanguero de Rosario, en Argentina. “Hablamos” de estos dos fenómenos que nos dieron esta balada tango y tantos otros temas de gran valor.

    El uruguayo cuasi argentino Horacio Ferrer es, sin dudas, junto a Eladia Blázquez, el mismo Cacho Castaña, Héctor Negro y poco más, de los que realizaron en las últimas décadas un mayor aporte de temas de tango, con una visión renovada de la ciudad madre, Buenos Aires, y del tango mismo.

    Su “Chiquilín de Bachín”, "La última grela", "Balada para mi muerte", "El Gordo triste", "Milonga del trovador", "Viva el tango" y otras muchas creaciones, fueron una bocanada fresca de aire nuevo que necesitaba ese hecho musical y social de Argentina y Uruguay, que es el tango.

    Como bien se recuerda en estos días, el 15 de noviembre de 1969, durante el Primer Festival Buenos Aires de la Canción y la danza, el tema de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer fue abucheado por buena parte del público, porque marcaba una ruptura con los cánones del tango hasta entonces. El tema que se llevó el premio ni lo vamos a recordar. De quien se celebran sus cuarenta años es de “Balada para un Loco”.

    Recuerdo que una tarde sabatina de “La Ronda de los Tangos”, en LT3 Radio Cerealista de Rosario, vinieron Piazzolla y Amelita Baltar. Fue importante su presencia porque, desde ese día, se revertió en parte lo que era rechazo entre nuestros oyentes, no sé si de aceptación plena… por lo menos ya no arreciaron las llamadas diciéndonos que no estábamos difundiendo tango y que se cambiarían de programa.

    El encuentro de celebración ha sido en el Anfiteatro Eva Perón, Leopoldo Marechal y Pasaje Lillio del Parque Centenario de Buenos Aires, Argentina, conmemorando los 40 años de "Balada para un loco"… diría más, homenajeando a toda una obra fascinante de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer, que han marcada un hito en la música ciudadana:

    Desde las 20 horas, se desarrolló el programa que dividido en 4 partes: en la primera la orquesta interpretó las "Las Cuatro Estaciones Porteñas" de Astor Piazzolla, dirigida por Juan Carlos Cuacci y con la participación de Raúl Garello como bandoneón solista.

    En la segunda parte tocaron, entre otros, "El Gordo triste", "Milonga del trovador", "Chiquilin de Bachin", "Viva el tango"; de Piazzolla y Ferrer, con el cantor Marcelo Tomassi y la participación especial de Horacio Ferrer, que además interpretará "Mi viejo Piazzolla".

    El tercer bloque ha sido instrumental, con "Libertango", dirigido por Garello; "Oblivion", interpretado por Pablo Agri en trío con Marisa Hurtado (contrabajo) y Ricardo Lew (guitarra); "Revirado" por Pablo Agri en quinteto junto a Marisa Hurtado, Ricardo Lew, Hernán Posetti (piano) y Julio Pane (bandoneón) y "Selección Piazzolla", con Garello como solista bajo la dirección de Marconi.

    En la última parte, con dirección de Marconi, Amelita Baltar interpretará "La última grela", "Balada para mi muerte", Milonga de la anunciación" y, como cierre, "Balada para un loco".

    Varios de los temas contaron con la actuación de la pareja de baile de Paola Larrondo y Víctor Nieva
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