• Tango argentino. La Bahía Tanguera (II) De Di Sarli a Cobián

    Seguimos el relato del bahiense de Ingeniero White Tino Díez. Este relato fue publicado, como resumen, en la revista Raíz Argentina de España. Ahora tienen en cuatro capítulos todo su desarrollo.

     

     

    II – LA BAHÍA TANGUERA
     
     
    Tino Díez, el autor de estas notas del tango argentino en Bahía Blanca y en su Ingeniero White
     
     
    De Carlos Di Sarli a Juan Carlos Cobián
     
    Siguiendo con este pantallazo de cultores tangueros, surge la figura de Cayetano Di Sarli, de quien devino tal vez el mejor pianista que diera nuestra música ciudadana, el maestro Carlos Di Sarli, a quien define nuestro convecino el doctor Eduardo Giorlandini, miembro de la Academia Nacional del Lunfardo, como un hombre serio y responsable pero con una inalterable alma de niño, recordando un concepto publicado hace unos años en Buenos Aires: “Un muchacho de Bahía Blanca es siempre un mozo bravío, orgulloso del progreso que representa ´su´ ciudad creciente (…):Este muchachito, este Señor que no perdió jamás su alma de niño, amaba a Dios y amaba a los hombres, porque el mensaje de Dios hablaba del perdón y él supo perdonar a los hombres que no fueron buenos con él o que fueron malos con otros”.
     
     
    El maestro Carlos Di Sarli y su orquesta de tango argentino. Es autor del famoso tango Bahía Blanca.
     

    Para recordar luego un poema de Iván Diez, titulado “Tango”: “Che, tango, usted ¿quién es?/ sinceramente respóndame, amigazo, que lo escucho/ Y el tango despidiéndose del pucho/ contestó, más o menos, lo siguiente./ Soy abrigo y soy pan, medalla o grito,/ regalo sal de lágrimas o alegro./ Soy caña de emoción,/ tabaco negro/ y de mozas de ley, el espejito./ ¿Tiene hermanos ya amigos en la barra?.

    Me invitan, dijo el tango, a toda farra/ y se de más de un hombre que es sincero.
    Pero digo, creyéndolo oportuno/ que hermano verdadero, tengo uno/ y es Carlitos Di Sarli, compañero”.
     
    Aunque no era bahiense, había nacido en Pigüé, Juan Carlos Cobián tiene en nuestra Bahía Blanca, la morada que originó el tango “La casita de mis viejos”, donde Cadícamo idealizó la historia de la infancia de Cobián, como el prólogo de este académico del tango, que el dos por cuatro secuestró, para nuestro deleite, apartándolo  de la música clásica italiana, para crear el tango romanza y de muy joven conoció el frío calabozo de una comisaría, por su ejecución pública de un tango.
     
     
    Juan Carlos Cobián nació en la francesa y bonaerense ciudad de Pigüe, pero ha vivido desde pequeño en Bahía Blanca, en "La casita de mis viejos"
     
     
    Rebelde por naturaleza, vistió de esmoquin, cuando se imponía el lengue y la alpargata en la canción canyengue y arrabalera. Bohemio y aristócrata, postergó el cumplimiento del servicio militar, para tener que cumplir años después. Fue un compositor de fuste y precursor desde el piano en llenar   con adornos en los bajos de los silencios de la melodía.
     
    Como compositor es, junto con Enrique Delfino, el creador del denominado "tango-romanza"; en 1917 este último produjo "Sans Souci", y Cobián, "Salomé", con los que abrieron el camino para el tango de avanzada. A tal punto fue un evolucionista Cobián que las editoriales le rechazaban sus tangos iniciales por considerarlos "mal compuestos". La realidad es que estaban muy por encima de la música popular de la época.
     
    Al realizar giras por  Estados Unidos, se vio obligado a tocar jazz –alternando con alguno que otro tanguito– con su "Argentine Band"; secundó al "crooner" Rudy Vallée y puso música a los sofisticados cortes –o lo que fueran– de Rodolfo Valentino.

    Tenía alma de tango y alma de bacán, pero también tuvo principios y renunció a casarse con una mujer de inmensa fortuna, para continuar con su música. Regresó a la Argentina, con un valet, pero sin dinero, a vivir en una pensión, por lo cual debió despedirlo; hacía el puchero en el balcón de la misma, calentador y morocha (olla) mediantes. Murió pobremente, con tan solo un solo bien personal, una pulsera de oro, desaparecida en el hospital, cuando fue internado.
     

     

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