Tango argentino. Juan María Solare nos dice ¿Y yo quién soy? -Parte 4-
Nuestro pianista y compositor argentino, residente en Bremen, Alemania se muestra en todas sus facetas artísticas. En la revista RAÍZ ARGENTINA de Noviembre 2010 y en su versión online, recogen sus palabras. En esta sección de Tango la completamos con sus confesiones como “hombre de tango”.
¿Y yo quién soy? Por Juan María Solare, Alemania, 2010 - para Raíz Argentina
El Tango in my life
El tango es parte de mi vida, aunque no es toda mi vida. Pero es parte de mi vida, y una parte a la que no quiero ni necesito renunciar. Suelo decir que lo descubrí tarde. Mentira. Haciendo memoria, recordando escenas cada vez más nebulosas de mi infancia o de mi adolescencia, siempre hay tango. Como aquel vecino nunca identificado que tocaba el bandoneón algunas tardes, al fondo de mi casa en Palermo Viejo.
¿Y yo quién soy? Por Juan María Solare, Alemania, 2010 - para Raíz Argentina
El Tango in my life
El tango es parte de mi vida, aunque no es toda mi vida. Pero es parte de mi vida, y una parte a la que no quiero ni necesito renunciar. Suelo decir que lo descubrí tarde. Mentira. Haciendo memoria, recordando escenas cada vez más nebulosas de mi infancia o de mi adolescencia, siempre hay tango. Como aquel vecino nunca identificado que tocaba el bandoneón algunas tardes, al fondo de mi casa en Palermo Viejo.

Creo que el tango es inevitable, como el aire o la línea 60. Aunque un argentino desprecie el tango, no puede dejar de conocerlo.
Remontándome en el tiempo: en diciembre de 1993 estaba yo en Buenos Aires de visita, por primera vez durante mi período europeo. ¿Y qué compuse, en el piano de mi casa paterna? Una obra titulada "Milonga Nunca Más", porque yo pensaba que sería la última que escribiría. Y ya ven: resultó ser una de las primeras de una larga serie. ¿Y antes? Recuerdo que el cincuentenario de la muerte de Gardel (en 1985, a mis 19 años) fue conmemorado activamente en la radio. ¿Y antes? Recuerdo que mi abuelo gallego (que murió en 1983) escuchaba asiduamente su amplia colección de tangos mientras preparaba el asado los domingos. ¿Y antes? Estoy seguro de que si sigo retrocediendo en el tiempo aparecen más tangos, hasta llegar al Big Tang.

Relatemos más anécdotas, que al final es lo único que la gente recuerda. Hace unos años intenté formar un cuarteto de tango. Discutiendo posible repertorio con el bandoneonista (europeo, a secas), sugerí tocar "Silencio" u otro tango de Gardel. "¿De quién?" "De Carlos Gardel, el autor de 'Volver' o 'El día que me quieras'" "No, nunca lo oí nombrar". Yo creí que era un chiste o un malentendido, pero no. Este bandoneonista tocaba tango desde hacía varios años y no había oído siquiera hablar de Gardel. Es como tocar música clásica y no haber visto jamás el nombre de Beethoven, o tocar jazz y no saber de Duke Ellington. Claro: de la Guardia Vieja, de "La Cumparsita" y "El Choclo" había saltado directamente a Piazzolla; en el medio la nada, el vacío cósmico.
Y entonces comprendí. Esta ausencia de experiencia auditiva -que para un nativo de Buenos Aires es literalmente imposible, aunque odie el tango- hay que remontarla, y no se suple con partituras. Si no, se terminará tocando Piazzolla como lo hace Gidon Kremer. Ya oigo la indignación: "¿Y no es legítimo? ¿Acaso no evolucionan los géneros musicales?" Por supuesto que el tango puede evolucionar, pero no por ignorancia sino por superación.
Y precisamente esta es una de las varias cosas que me atraen del tango: que es un género musical vivo, con un enorme potencial de evolución. Si los géneros musicales evolucionan siguiendo las leyes de Darwin, aparecerán dialectos tangueros que se extinguirán (algunos dirán "qué lástima", otros "afortunadamente", el resto ni se habrá dado cuenta).
Otro aspecto que me apasiona es su grado de universalidad. No es vana la comparación del tango con una ópera en miniatura. Aunque las historias que relata un tango no se limitan a los tangos con texto. Tangos exclusivamente instrumentales pueden contar también una historia sin palabras (pienso en "Adiós Nonino"). Tal universalidad se sustenta en que el tango no se restringe a ser un divertimento pasajero: narra -sin palabras- lo jocoso y lo trágico, el desgarro y a veces la superación, o al menos la aceptación.

Y en tercer lugar, me siento muy cómodo en el tango porque puedo ser hoy absolutamente tradicional y así verter la faceta más conservadora de mi personalidad, y al segundo siguiente mostrar las garras más experimentales que pueda. El tango aguanta toda esa amplitud (a veces la gente no, pero ese es un problema de la recepción, no de la propia música).
Esto significa que, como compositor, he perpetrado tangos tradicionales de melodía absolutamente cantabile y estética ineluctablemente "grasa" (hortera), tales como "Reencuentro" o "Tengo un tango", pero también me he movido en tres áreas de mayor experimentación. Estas tres regiones son (y aquí quiero ponerme un poquito más técnico):
1) Ritmos y métricas menos habituales, incluyendo compases de 7/8 ("Un eremita") o cambios de compás en medio de un tema ("A rolete"); utilización de acordes por cuartas o melodías dodecafónicas ("Furor", o el tercer tema de "Mate amargo"). Esto no es en sí originalísimo, sino la continuación de cierto Piazzolla ("Vayamos al diablo" está también en compás de 7/8), que a su vez se basa en Stravinsky o Bartók. Pero quien componga en el vacío, que tire la primera piedra.
2) Tango electroacústico. No debe confundirse con el "tango electrónico" de grupos -maravillosos- como Gotán Project u Otros Aires. A mi juicio, ese tango electrónico tiene un gran acierto: la inclusión de samples (tales como usar la voz de Gardel fuera del contexto original). Sin embargo, el elemento que define al tango electrónico es la pulsación constante de una percusión electrónica, maquinal, comparable a la música disco o al tecno. A mi juicio, esta es una posibilidad expresiva respetable, pero que cercena de cuajo una de las grandes virtudes del tango tradicional: la fluctuación del tempo, la posibilidad de cambiar la velocidad en medio de una frase, de suspender momentáneamente el flujo sonoro (en jerga musical: la agógica). Creo que será un acierto cuando el tango electrónico recupere esta posibilidad expresiva: la flexibilidad del tempo.
Mi tango electroacústico utiliza sonidos de síntesis sin altura determinada (es decir, no es meramente un sintetizador que toca una melodía). Si el "tango electrónico" ha escuchado la música de una discoteca, mi "tango electroacústico" ha conocido a Stockhausen. Un caso paradigmático es mi Milonga Fría: sobre una estructura de milonga relativamente tradicional se montan tres inserciones de sonido sintético. Si, metafóricamente, los sonidos instrumentales son lo que dice el pianista, los sonidos electroacústicos son lo que piensa.
3) El tango deconstruído, un género musical realmente propio. Se trata de fragmentos que inequívocamente "huelen a tango", pero que no forman un tango tradicional. Son astillas de tango. Tales "sílabas dispersas" se combinan en un contexto distinto para formar nuevas "palabras" y "conceptos". La deconstrucción -en el sentido de Jacques Derrida- es uno de mis aportes personales tanto al tango moderno como a la música experimental. El tango deconstruido se halla en la confluencia de dos tradiciones: la del tango y la de la música experimental. De hecho surge a partir de un consejo personal del compositor vanguardista Luciano Berio: que me concentrara en expandir las músicas de mi país, que son una fuente inagotable de inspiración.
Posdata
Al principio de esta confesión voluntaria les revelé cómo comienzo muchas de mis cartas, cuando quiero presentarme sucintamente. Se acerca ahora el final. ¿Saben cómo termino muchas de esas cartas?:
"Gracias por su interés en mi música."
Podemos saber más de Juan María Solare visitando su portal , o encontránlo en MYSPACE.
RAÍZ ARGENTINA, el sentimiento argentino en España y Europa